La danza de los imbéciles

Columna publicada originalmente en DiarioEstrategia el 17.01.2020

El diccionario de la RAE define a un imbécil como un tonto o persona falta de inteligencia. Pero también hay una forma coloquial para referirse al imbécil como aquella persona que no entiende algo. Así se suele decir, en un acto de desesperación, a alguien que tozudamente no entiende algo: Imbécil esto quiere decir tal o cual cosa. Esta imposibilidad de ver las cosas como son es propia del imbécil. Hay imbéciles de distinta clase. El fanático ciertamente tiene algo de imbécil porque su fanatismo le impide ver las cosas. Ahora bien, si la imbecilidad la llevamos al campo político nos encontramos con la imbecilidad máxima en los extremos. El imbécil es incapaz de comprender al que está en la posición contraria. Ello se ve sobre todo en el campo de las ideas. Por ejemplo, en la dicotomía entre la libertad y la igualdad, el imbécil se moverá negando una y centrándose únicamente en la otra. En el centro la mayoría de las personas comprendemos que no puede haber igualdad, sin un amplio rango de libertad, salvo en las tiranías de extrema izquierda, como tampoco puede haber libertad sin un rango de igualdad, como en las dictaduras de extrema derecha. Otro tanto sucede con la política y la economía. Los que creen que la economía se debe supeditar a la política, denominando peyorativamente a ésta como “técnica”, son excesivamente voluntariosos y terminan arruinando a los países. Por mucho que los griegos hayan insistido tener pensiones como los alemanes, lo único que lograron fueron quebrar su economía. Los imbéciles suelen no reconocer los hechos, su fanatismo les impide ver la realidad. Otro tanto sucede con los que creen que la economía lo soluciona todo, por cuando no son capaces de articular estrategias conforme a los logros que quiere obtener la ciudadanía. Los imbéciles se mueven en los extremos, y por tanto están destinados al fracaso. Los países en la medida que siguen a los imbéciles suelen fracasar estrepitosamente. Y los países que suelen equilibrar la libertad y la igualdad, y la economía y la política son países exitosos.

El fanatismo no permite ver las cosas como son. El fanático se esmera en llevar su análisis y opiniones a su molino. Chile, desde la crisis generada en octubre, se ha transformado en una sociedad de imbéciles. El imbécil no puede ver la realidad. No ve que la destrucción que ha generado su actuar, e insiste en no hacerse cargo del enorme daño que ha generado. El mundo para el imbécil es simplemente como él lo quiere ver. Por tanto, en su diseño institucional el imbécil de izquierda se centrará en la igualdad y la superioridad de la política sobre lo que él denomina la técnica. Lamentablemente nos estamos yendo a un mundo donde prima la imbecilidad de la extrema izquierda. La situación económica del país es muy delicada, no sólo nos hemos farreado la oportunidad de generar más igualdad, nos hemos farreado el crecimiento futuro. Ello quiere decir que la libertad es lo que está en peligro, y sinceramente es de imbéciles el insistir en que desde octubre “el país despertó” o que nada malo ha ocurrido.

Rodrigo Barcia Lehmann

Prof. Dr. en Derecho y mg. en Economía.

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